“Candelaria fue un campo de guerra”, es la frase que más se repetía en los diálogos que los vecinos, sigilosos y asustados, mantenían este domingo en los comercios y edificios de la zona, tras la jornada de protesta y represión del sábado.

En el Centro Residencial La Candelaria amanecieron recogiendo los vidrios rotos de las puertas y de la caseta de vigilancia. Con los cristales llenaron seis cajas.
Un vecino sostiene en la mano tres casquillos de balas que hablan de la noche de horror vivida y muestra los agujeros que dejaron los proyectiles en varias paredes del lobby y en la reja de la conserje.

“El costo de los destrozos probablemente supera los 3 millones de Bs. Pasarán varios meses para que podamos reparar los daños. Aquí viven muchas personas de la tercera edad que se mantienen con una jubilación y hay altos niveles de morosidad. Los colectivos forzaron la puerta principal que habíamos arreglado hace dos meses”, explica Nayib Serrano, de la junta de condominio.

A las 11 a.m. del domingo, en el edificio Mirador (de Miguelacho a Misericordia) limpiaban la sangre que quedó en el pasillo producto de una herida en la cabeza que recibió un vecino. “Los miembros de un colectivo, quienes se identificaron con la invasión del edificio de Radio Continente y con Misión Vivienda, intentaron meterse en el edificio”, dijeron los residentes que pidieron no ser identificados y que la noche del sábado tuvieron que asegurar la puerta con cadena y candado, apagar las luces y los ascensores para protegerse. “Nos lanzaron piedras, botellas y nos amenazaron con volver”.

El detonante fueron las consignas y las cacerolas de la comunidad y los materos que los manifestantes atravesaron en la vía. Desde las ventanas de los edificios lanzaban objetos contundentes.

“A las 4 de la tarde se fueron concentrando personas en varias esquinas de Candelaria. Con el pasar de las horas se aglomeró más gente que protestaba. Solo en mi cuadra había más de 30 guardias bien apertrechados. En la reja de mi edificio cayó una granada, gracias a Dios no explotó”, dijo Belkis González, quien vive entre las esquinas de Avilanes a Desamparado.

A las 9 p.m. Daniel Fernández todavía estaba socorriendo gente asfixiada, colocándoles trapos húmedos en la cara y alejándolos del gas. “Parecía como una neblina densa. Aquí hacemos horas de colas para comprar gas y poder cocinar pero del otro gas sí hay bastante. El jueves, mi familia y yo amanecimos en el baño, cada uno en una silla, para no asfixiarnos”.

En la jornada del sábado las lacrimógenas afectaron hasta la sede de la Cruz Roja, que izó su bandera en señal de protesta. En los edificios, los residentes idean protocolos de seguridad para protegerse. Realizan vigilias para resguardar los inmuebles, sobre todo en los casos donde las puertas están vulneradas, buscan equipar el botiquín de primeros auxilios, crean grupos de WhatsApp para mantenerse comunicados, identifican a los profesionales de la salud que viven en la residencia y que puedan socorrer a los heridos, refuerzan puertas.

Los vecinos denunciaron que los cuerpos de seguridad del Estado no hicieron nada para protegerlos de los ataques de los colectivos. Carlos Julio Rojas, vocero de la Asamblea de Ciudadanos de Candelaria, denunció que los grupos que agredieron a manifestantes y edificios pertenecen a las invasiones de la esquina de Platanal, del antiguo edificio de Didijín y de Radio Continente.

Fuente: El Universal, 12 de junio de 2017.